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En síntesis:
Vender una vivienda para hacer frente a deudas puede ser una decisión difícil, pero en muchos casos es una solución financiera estratégica que permite recuperar estabilidad y evitar problemas mayores.
La principal ventaja es la cancelación rápida de deudas, especialmente aquellas con intereses altos como tarjetas de crédito o préstamos personales. Convertir la vivienda en liquidez permite frenar el crecimiento de la deuda y reducir el riesgo de embargos, demandas o impagos acumulados.
Las deudas generan un fuerte impacto emocional y estrés continuo. Vender la casa no solo mejora la situación económica, sino que también aporta tranquilidad mental, permitiendo planificar el futuro sin la presión constante de los acreedores.
Anticiparse a situaciones como el embargo o la insolvencia es clave. Una venta voluntaria ofrece mayor control sobre el proceso, protege el historial crediticio y evita consecuencias legales y financieras más graves.
Una vez saldadas las deudas, se abre la posibilidad de reorganizar las finanzas personales, reducir gastos fijos, crear un fondo de emergencia y adoptar hábitos financieros más sostenibles.
Si tras pagar las deudas queda capital disponible, este puede destinarse a reinvertir, ahorrar o adquirir una vivienda más económica, reduciendo responsabilidades y gastos futuros.
Vender la vivienda elimina costes recurrentes como impuestos, seguros, mantenimiento o derramas, lo que libera recursos mensuales y mejora la capacidad de ahorro.
Sin hipoteca ni cargas inmobiliarias, se gana flexibilidad para adaptarse a cambios, ya sea mudarse por trabajo, reducir el nivel de gasto o adoptar un estilo de vida más acorde a la nueva situación económica.
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Vender una casa con el propósito de saldar deudas es una decisión importante y, como tal, es esencial abordarla con cuidado y planificación. Aquí te presento algunos consejos que te ayudarán a través de este proceso.
Calcula el neto real que te quedará: precio estimado de venta − hipoteca pendiente − comisiones − impuestos (plusvalía municipal/IRPF si hay ganancia) − deudas asociadas (comunidad, IBI, suministros). Esto evita el error más común: vender “para saldar” y descubrir en notaría que no alcanza.
Si vas a cancelar la hipoteca con el dinero de la venta, coordina con el banco el día de firma y solicita con antelación la documentación necesaria. Para la cancelación registral es necesario pedir a tu entidad el certificado de deuda cero y tramitar la cancelación ante notario y Registro de la Propiedad.
Pide una nota simple en el Registro de la Propiedad para ver si hay anotaciones de embargo, servidumbres u otras cargas. Si existe embargo, la venta puede ser posible, pero normalmente exige que la deuda se liquide en el momento de la firma (o que el comprador asuma esa situación, algo poco frecuente). A nivel práctico, lo habitual es pactar con la notaría la cancelación con parte del precio.
Se puede vender una vivienda con deudas de comunidad, pero la Ley de Propiedad Horizontal exige aportar el certificado de deudas con la comunidad; si aparecen importes pendientes, lo normal es descontarlos del precio o pagarlos en la firma para que el comprador no herede el problema.
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Antes de vender (y especialmente si vas con urgencia), intenta negociar: quitas, aplazamientos o acuerdos de pago para evitar intereses y procedimientos. Si la deuda principal es hipotecaria y estás en situación vulnerable, revisa si encajas en medidas de protección como reestructuración/dación en pago a través del marco normativo y el Código de Buenas Prácticas.
Para pagar deudas, el objetivo suele ser liquidez. Tres tácticas útiles:
Si es tu vivienda habitual y vas a comprar otra, existe la exención por reinversión en IRPF si reinviertes en un plazo de dos años (antes o después de vender) y cumples requisitos.
Si no reinviertes, planifica la posible ganancia patrimonial para que no te quedes corto de liquidez al año siguiente.
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Si el objetivo es pagar deudas o cargas pendientes, lo más seguro es pactar que, en la firma:
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Puedes vender un piso con hipoteca sin problema, siempre que la deuda pendiente se cancele en el momento de la venta. Lo habitual es que, en la firma ante notario, parte del precio se destine directamente a cancelar la hipoteca, y el resto lo reciba el vendedor. También es posible que el comprador se subrogue en la hipoteca, aunque hoy es menos frecuente y depende del banco.
Si tu casa entra en proceso de subasta, aún puedes actuar antes de que se adjudique. La opción más habitual es intentar una venta rápida para cancelar la deuda y evitar la subasta, o negociar con el banco una reestructuración, quita o dación en pago si cumples ciertos requisitos. Actuar con rapidez y asesoramiento es clave para no perder el control del proceso.
Al vender un piso con hipoteca debes contar, principalmente, con la cancelación de la deuda pendiente, la posible comisión por cancelación anticipada, los gastos notariales y registrales de cancelación, la plusvalía municipal y, si hay ganancia, el IRPF. También pueden existir gastos de agencia si usas intermediación.
